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Domingo, 27 de septiembre de 2009

Di tu palabra y rómpete

José María Suárez Gallego   José María Suárez Gallego 

Publicado en diario Diario Jaén el domingo 27 de septiembre de 2009.

 

Sapo, de Michael Sowa

Sapo. Ilustración de Michael Sowa.

He escrito en alguna otra ocasión que la televisión es mucho más convencional que la sociedad que la mira, de ahí que no sean mejores los que critican ferozmente a los programas en los que la gente se despelleja, vapulea y vilipendia sin piedad, que los que los siguen y hasta los defienden. Confieso que la otra noche –entono por ello un “mea culpa” implorando la misericordia de los dioses— vi uno de ellos como alternativa de urgencia a una noche desapacible.  En el fondo, no tienen otro atractivo que poner de manifiesto a través de la morbosa necesidad que tenemos de curiosear, juzgar y fantasear  con las vidas ajenas, lo perra y anodina que es la existencia que solemos llevar tras la puerta de nuestra casa.

La vida, en definitiva, no es otra cosa que lo que le pasa a uno mismo, si bien hemos de aceptar de antemano que la mayoría de las veces uno mismo en realidad son los otros: los que viven en la casa de enfrente, los que se ven en la pantalla del televisor,  los que se oyen al otro lado del tabique de la salita, los que vemos hurgarse la nariz en el coche del carril de al lado mientras cambia el semáforo, o quien se nos sienta en frente cuando viajamos en el autobús de regreso a casa. Todos ellos conforman el colectivo anónimo sobre el que arrojamos cada mañana al levantarnos toda la mala baba que es capaz de producir la mediocre realidad cotidiana que arrastramos, o nos arrastra.

Claro está que viendo a tantos jóvenes sobradamente preparados mendigando por el mercado laboral puestos de trabajo submileuristas en los que echar más horas que un reloj, no nos ha de resultar extraño que algunos de ellos se sientan tentados de tirar por el atajo del famoseo del despelleje ofreciéndose como carnaza televisiva para poder sacar el cuello.

La “diosa” Belén Esteban (¡Yo por mi hija mato! ¿Me entiendes?) está poniendo en valor las palabras del viejo Nietzsche: “Di tu palabra y rómpete”. Definitivamente, Darwin se equivocó: El mono es demasiado bueno para que descendamos de él.  

www.cronistadeguarroman.es


Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)

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