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Jueves, 18 de diciembre de 2008
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 21 de diciembre de 2008

La Mirada de África, de Fabián Suárez Caballero (2008)
El infanticida Herodes ha pasado a la historia de las puñeterías por ser el paradigma de todos aquellos que han pretendido degollar la esperanza desde su raíz más tierna. Intentó aniquilar conceptualmente la única virtud que nos queda después de habernos vapuleado la fe con el falso misticismo de los oropeles y las parafernalias barrocas. ¿Qué hubiera sido –me pregunto-- de los que todas las primaveras andan buscando escaleras para subir al madero, si el prefecto de Judea, Poncio Pilatos, en un arrebato de insensatez política en vez de lavarse las manos como un cobarde, hubiera liberado a Cristo?
La esperanza, que intentara erradicar Herodes a machetazos sobre cuerpos indefensos, es lo único que nos queda también cuando la fe se nos diluye ante situaciones susceptibles de ser resueltas con la caridad, esa otra virtud que bastantes veces nos sonroja cuando se la utiliza para tapar injusticias que claman al cielo. La caridad, se mire por donde se mire, es la virtud que nos adormece los remordimientos cuando hemos perdido todas las demás, incluida la esperanza de no perder la esperanza, de ahí que Herodes, y todos los reyezuelos que regentan el desaliento en beneficio propio, siempre hayan puesto especial interés en cercenar manu militari a todos los profetas que prometen la llegada de un salvador de causas perdidas, o de un libertador de cotidianas cadenas.
Frente al televisor, cada día, se me clavan como escarpias los ojos de los niños de las pateras. Y experimento como mi silencio cómplice me hace sentirme Herodes. África, con toda su gente desvalida, cada vez más nos exige la oportunidad de participar de nuestra abundancia, amasada muchas veces con los recursos que les hemos esquilmado durante siglos a cambio de una fe sumisa en el gran bwana blanco, y unas circunstancias sociales fundamentadas en la injusticia.
Nunca entenderé porqué algunos se empeñan en hacer pobres durante todo el año para luego poder hacer caridad con ellos en Navidad, mientras tantos asentimos desde nuestro silencio cómodo y cómplice.

Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)