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Sábado, 15 de marzo de 2008
Por la Dra. Dª Adela Tarifa Fernández
Académica Correspondiente de las Reales Academias de la História, de Córdoba y de Málaga. Consejera de Número del IEG y Colona de Honor de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena.

Dª Adela Tarifa Fernández, que viste la beca y la medalla del Seminario de Historia y Cultura Tradicional "Margarita Folmerin", dada su condición de Colona de Honor de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, momentos antes de comenzar su pregón en el salón de actos de la Casa de la Cultura de Guarromán, que fue perfumado con incienso con tal motivo por la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Preso y Amarrado a la Columna, hermandad protagonista este año de la Semana Santa de Guarromán. (Viernes de Dolores, 14 de marzo de 2008)
En primer lugar, tras agradecer la presentación que ha realizado Don José María Suaréz Gallego, alma mater de la intensa vida cultural que se vive en esta Real Población, tengo que dar las gracias a las Cofradías de Guarromán por la invitación que me han hecho a través de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento y del Cronista Oficial, D. José María Suárez Gallego, para que pregone un acontecimiento tan importante para los cristianos, y en una población tan especial para mí, como es Guarromán. Una ciudad abierta, generosa, inserta de ese gran proyecto colonizador de la Ilustración en Sierra Morena donde se ensayaron, con éxito, las grandes innovaciones que cambiarían la Historia de Occidente. Por ello ante todo deseo manifestar que es un honor para mi pregonar la semana santa de Guarromán por varios motivos: porque éstas son las fiestas más importantes del cristianismo, la cuna de la civilización occidental, que predicó la defensa de la dignidad de los seres humanos, el valor del amor, el perdón, la fraternidad y la humildad. También porque aquí me siento como en casa, y porque como historiadora estoy enamorada de la gran revolución pacífica que se realizó en estas reales poblaciones en el siglo de las Luces, con innovaciones que se adelantaron en más de dos décadas a las que llegarían a Europa, tras la Revolución francesa. Por eso, como he repetido en varias ocasiones, estas poblaciones deberían ser reconocidas como Patrimonio de la Humanidad. Iniciativa que seguro se tomará alguna vez y que tendrá todo mi apoyo.
He tenido el privilegio de leer algunos pregones realizados por magníficos pregonero que me precedieron y por ello la responsabilidad es alta. Sin embargo el pregón, como género literario, admite múltiples variantes y es lógico y lícito que cada pregonero enfoque su discurso hacia el ámbito que mejor conoce. Yo soy historiadora y he escrito y publicado bastante sobre la historia de la Semana Santa, un acontecimiento apasionante pues refleja los sentimientos espirituales más profundos del cristianismo, que eso es la Semana Santa en la que se recuerda la pasión y muerte de Cristo y se manifiesta la mentalidad colectiva de los pueblos. Así Guarromán en su Semana Santa se expresa como pueblo, en lo singular que cada pueblo tiene, y se une al resto de pueblos de España manifestando su ancestral fe cristiana. Aunque hubo una época remota en la que a los primeros guarromanenses no les estuvo permitido organizarse en hermandades de Semana Santa ni procesionar su devoción a Cristo y María por la calles y plazas de esta hermosa villa. Fue uno de los tributos que pagó por adelantarse al tiempo en el llamado Siglo de las Luces. De ello y de otros aspectos relacionados con la historia de la Semana Santa voy a tratar en este pregón.
Bien sabido es que la real población de Guarromán, como las demás de Sierra Morena, es símbolo de un modelo de organización social, político y económico muy adelantado a su época, que fue posible por la iniciativa del rey Carlos III y sus ministros ilustrados, como Campomanes y Aranda, pero sobre todo por el empeño del genial Pablo de Olavide. Ellos decidieron que en este lugar de España se pondrían en vigor las leyes más avanzadas de su época, recogidas en 1767 en Su Real Fuero, uno de los documentos más importantes de la historia del Mundo Contemporáneo, porque se aproxima en algunos puntos a la 1ª Declaración de derechos y deberes de los ciudadanos, germen de futuros textos sobre Derechos Humanos Universales que sí recogió desde sus orígenes el pensamiento cristiano; Sin embargo en estas poblaciones no se permitía que se establecieran cofradías, excepto de ánimas, a diferencia de lo que sucedía por entonces en las demás ciudades y pueblos. Por ello la pregunta primera que nos hacemos es ésta: ¿ por qué las celebraciones de la Semana Santa quedaron fuera del ritual religioso previsto en el Fuero y por qué Olavide no quería que hubiera cofradías, ni siquiera de Semana Santa en las nuevas poblaciones de Sierra Morena?La respuesta nos es sencilla. En nuestro pregón vamos a intentar dar respuesta a esta cuestión, pero adelantamos que acaso uno de los motivos de que no se fundaran cofradías es que el Fuero ya contemplaba la protección de asistencia social a todos los ciudadanos, cuando esta asistencia social recaía en gran parte en las cofradías. Por ello voy a iniciar mi pregón mirando al pasado; hablando brevemente sobre el origen de las primitivas cofradías medievales, de las que proceden las actuales de semana santa.
En siglos sucesivos de la edad Moderna las cofradías comenzaron a independizarse de los gremios, reforzando sus funciones de previsión social y crecieron en número de asociados. En estos siglos modernos ya quedaban establecidos diversos tipos de cofradías y hermandades, entre las que destacaban las Sacramentales, exclusivamente religiosas, sin fines de previsión social; las religioso-benéficas, y las penitenciales de Semana Santa, que con frecuencia asumieron funciones de asistencia social. En general, casi todas ofrecían a sus cofrades dos servicios: socorro en el momento de la muerte y ayuda ante la enfermedad. Y casi todas tuvieron su origen y sede en conventos o parroquias aunque las organizasen laicos.
De nada sirvió que casi todos los monarcas se empeñaran en vigilarlas y controlar su expansión, denunciado en un documento de 1534 que “..el reino esta lleno de cofradías donde gastan en comer y beber, quanto tienen...”, detalle indicativo de ciertos excesos nada raros en estas instituciones. Pero fueron los monarcas de la Ilustración y sus ministros quienes más se empeñaron en hacerlas desaparecer. No lo lograron, excepto en las nuevas poblaciones, y en toda España había procesiones de Semana Santa en el siglo XVIII, pese a la estricta vigilancia de las autoridades, empeñadas en lo que se ha llamado por algunos historiadores “la poda de las manifestaciones religiosas”. Volvemos así al asunto de la política religiosa de los ilustrados y su repercusión en la historia de las cofradías. Y llegamos a otra pregunta: ¿Cuál es la causa del ataque de los Ilustrados a las cofradías?Las causas son diversas:-En primer lugar, Los ilustrados querían separar claramente la Iglesia del Estado y aspiraban a controlar el poder económico de la Iglesia. Es lo que se llama política regalista, que tiene raíces antiguas. Pero fue en el siglo XVIII cuando esta política regalista se lleva a su máxima expresión, con la firma de sucesivos Concordatos que pretendían acabar con los muchos beneficios económicos que tenía el clero y con las numerosas riquezas que salían de España a Roma.
-En segundo lugar a los Ilustrados les molestaban los vicios que han adquirido las cofradías, con muchos gastos en fiestas y pérdida de tiempo de trabajo, una de las grandes preocupaciones de estos políticos .
-También los Ilustrados sabían la gran la influencia que ejercían las cofradías en el pueblo. Para demostrar la importancia de las cofradías pondré un ejemplo: en la encuesta sobre cofradías que ordenó realizar el conde de Aranda en el último cuarto del siglo XVIII había más de 24.000 que se declaran, y sólo en Madrid había 225. Puesto que el censo de la capital era de unos 164.000 habitantes, sacamos la conclusión de que existía una cofradía por cada 728 madrileños. Eso se justifica porque, como ya he dicho, casi todas se dedicaban a ofrecer algún tipo de auxilio social a sus afiliados y también aportaban prestigio e influencia social a quienes las dirigían. Su poder radicaba en la unión de los socios y ese poder es el que molestaba a los Ilustrados pues lo percibían como una amenaza al orden establecido: Su meta ideal hubiera sido hacerlas transparentes manejables y útiles a los fines del poder real. Pero no lo lograron. Por eso decidieron suprimirlas. Tras esta visión general voy a dedicar unos minutos a hablar de la Semana Santa andaluza y de algunos ejemplos concretos como las ciudades de Jaén y Úbeda y de sus primeras cofradías, ya que hasta tiempos más recientes no hubo cofradías de Semana Santa en Guarromán.Los cultos de la Semana Santa tuvieron y tienen un arraigo especial en Andalucía. Se ha dicho siempre que Andalucía es la tierra de Semana Santa y que aquí se vive con especial intensidad esta fiesta litúrgica dedicada a recordar la pasión, muerte y Resurrección de Cristo. Así desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección, los cristianos andaluces se purifican y salen a la calle para unirse en actos públicos de piedad y confraternidad. Y en esta Semana de Pasión viven el dolor y el sufrimiento que se funden con ritos de gozo y alegría, pues Cristo muere para Redimir al hombre, y Resucita.
Un detalles curioso que quiero resaltar, bien documentado por los historiadores, es que las primeras procesiones de Semana Santa en España tuvieron lugar en Sierra Morena: Se sabe que cuando la Edad Media agonizaba entre terribles presagios apocalípticos, en estos lugares aflora una devoción cristológica que se expresa en oraciones populares, como el Anima Cristi, que rememoran el Calvario, celebrándose de forma escenificada por vez primera un Vía Crucis en Sierra Morena, hacia 1420, bastantes años antes de que las procesiones de Semana Santa se pusieran de moda en España, y de que los flagelantes se pasearan por las calles implorando el perdón divino en años de plagas y de hambre.
La pervivencia de estos actos de culto a través del tiempo ha sufrido adaptaciones, como es lógico, pero es mucho más lo que se conserva que lo que ha cambiado en los rituales de piedad colectiva. Por ejemplo, siempre tuvieron más iniciativa en las hermandades penitenciales los laicos que los clérigos. Y es que la Semana Santa es una festividad religiosa en la que el pueblo, sin distinción de clases sociales, es el principal protagonista, aportando al sentimiento espiritual y cristiano otros elementos consustanciales al ser humano. Por eso hoy, en un Estado laico, el fervor popular por los cultos y desfiles de Semana Santa se incrementa cada año. Porque en el fondo de la Semana Santa no está la política imperante: solo está el ser humano, necesitado de trascender más allá de lo puramente material. Un ser humano cargado de interrogantes, que la ciencia todavía no ha sabido responder. Esa es la esencia de la espiritualidad cristiana y de su Semana Santa que Olavide sólo comprendió cuando se acercaba la hora de su muerte y moría el siglo de las Luces. Un pensamiento que compartían muchos de los habitantes de Guarromán, aunque no pudieran todavía organizar sus cofradías, aunque acaso algunos colonos llegaran a conocer estos ritos viajando a otras ciudades del reino de Jaén con gran tradición de Semana Santa, caso de Linares, Baeza, Úbeda y Jaén, por citar algunos ejemplos.
Estas ciudades y territorios formaban parte del Reino de Cartilla desde las conquistas en el Valle del Guadalquivir realizadas por Fernando III el Santo. Estos hechos de armas provocaron importantes cambios demográficos, con la llegada de pobladores del norte. Ellos trajeron en modelo cofrade, similar al que ya existían en otras ciudades castellanas.
Al parecer las primeras cofradías creadas en esta estratégica zona fronteriza tuvieron como objetivo proteger la vida y la defensa de labradores y ganaderos que se exponía a las algaradas musulmanas. Y también cuidaban de recoger los heridos y enterrar los muertos”. Así, estas congregaciones reunían las funciones religiosa y caritativa en sus actuaciones.
Respectos a la ciudad de Jaén destacamos sólo estos ejemplos de sus primeras cofradías de pasión, que surgen a partir de mediados del siglo XVI para conmemorar la Pasión de Jesús y el dolor de la Virgen a través de procesiones de penitencia. La más antigua de ellas fue la de la Vera Cruz, con sede en convento de los Franciscanos, fundada en 1541 . Le siguen en un plazo de cincuenta años otras cuatro: la de Las Angustias y de las cinco Yagas, en el convento de Santa Catalina (1551)[1]; la de la Transfixión y Soledad de la Madre de Dios, de 1556, en el monasterio de la Virgen Coronada, la del Santo Sepulcro y Resurrección de N.S. Jesucristo, hacia 1580, en el convento de Santa Catalina) destacando la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de 1595[2], acaso la más numerosa en cofrades y vinculada a los Carmelitas Descalzos.
Respecto a Úbeda, tenemos noticias de una antigua Cofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, de disciplinantes, citada desde finales del XVI. En 1551 ya existía otra del Señor Crucificado, que tenía sede en el desaparecido convento de san Francisco de Asís, también de disciplinantes. Otra penitencial era la Cofradía de Nuestras Señora de la Yedra en su Soledad. Tenía una imagen de fecha antiquísima, seguramente como el Cristo de brazos articulados que se veneraba en Santa María. Estas dos imágenes procesionaban juntas “con su procesión de disciplina con sus lumbres y guión y demás insignías e imágenes...”. Su fundación data de 1565, conservándose testimonios de los primitivos estatutos que obligaban a sus cofrades a asistir a la procesión General del Viernes Santo por la noche. También había mucha devoción al llamado “Jesús de las Aguas”, porque con su imagen se hacían rogativas en tiempos de sequía y hambre desde tiempos muy remotos. Se sacaba en procesión la tarde del Jueves Santo, rodeada de penitentes de sangre y de penitentes de luz, todos con la cara tapada y cubiertos de saya morada. Este es el origen de la actual cofradía del Nazareno, que procesiona acompañado de Nuestra Señora de los Dolores, de la Verónica y de San Juan Evangelista. Su ritual externo se completará cuando un insigne músico, Don Victoriano García, compuso su himno emblemático: el “Miserere”. Esta cofradía fue una de las que ofrecía asistencia social a los hermanos, aunque los que no conocen a fondo las cofradías piensan que en ellas todo se reduce al ritual externo y grandioso de las procesiones y cultos litúrgicos de la llamada Semana de Pasión.
Respecto a las nuevas Poblaciones de Sierra Morena, ya hemos dicho que a los colonos establecidos en ellas no se les permitió asociarse y fundar cofradías de Pasión porque el proyecto ilustrado de Olavide resultaba incompatible con estas manifestaciones de religiosidad popular y porque el Fuero ya fue redactado pensando en evitar la pobreza extrema de los pobladores y no se tuvo en cuenta que existen otros motivos que impulsan al ser humano a asociarse en Hermandades. Acaso esta decisión fue un error entre los muchos aciertos que recoge el Fuero, una ley muy avanzada para su época pues hizo posible que en Guarromán, como en otras poblaciones, no existiera rechazo al forastero, pues ser Colono significa ser ciudadano del mundo y comprender el dolor que un ser humano siente cuando se ve forzado a arrancar las raíces que le unen a su tierra nativa para plantarlas en otro lugar, que será finalmente su patria. Aquí la mujer trabajó codo a codo con el hombre por vez primera en la historia, dignificada por ello. Aquí la diferencias sociales disminuyeron mucho antes que en el resto de España, primándose como mérito el valor del trabajo y el esfuerzo. Aquí los ritos religiosos, desde el nacimiento a la muerte, no permitieron que hubiera ciudadanos de diferente categoría. Aquí se establecieron los primeras plantaciones racionales de olivos, mucho antes de que este árbol fuera el símbolo de Jaén. Aquí se realizó el primer trazado urbano ordenado, pensado para facilitar las comunicaciones y buscar espacios de uso público. Aquí la sanidad y la higiene fueron preocupación constante de las autoridades, centralizadas en hospitales públicos. Aquí se instalaron los primeros cementerios municipales de España, alejados del casco urbano para evitar la propagación de enfermedades. Aquí se rechazó la ociosidad y otros vicios. Y también aquí se atacó todo aquello que inducía al pueblo hacia la superstición, defendiendo el sentimiento cristiano de la vida, ajustado a los preceptos del Evangelio. Porque los Ilustrados, en su celo por crear un modelo social y económico progresista, prohibieron conventos, establecimientos caritativos del clero y cofradías, excepto la de las Ánimas. que para los Ilustrados era la única que ayudaba al sostenimiento del culto con decoro. Éste era el pensamiento religioso de los Ilustrados, que implicaba rechazo a las cofradías, y no sólo en sierra Morena .Porque en las mismas fechas que se iniciaban los trámites para fundar Guarromán y trasladar aquí a nuevos pobladores se estaban prohibiendo en toda España procesiones de Semana Santa, incluso en ciudades como Toledo, donde en 1759 el arzobispo prohibió todas las procesiones de Semana Santa que se celebraban en la Corte, excepto aquellas que tenían larga tradición y un sentimiento religioso muy profundo. Poco después, hacia 1777, se prohibieron las procesiones de disciplinantes y empalados, y todas las que se hacían durante la noche. La misma línea se siguió con las hermandades y cofradías. Aunque las órdenes reales no siempre se cumplieron, como lo demuestra la pervivencia de costumbres antiguas durante todo el siglo XVIII, fracasando el intento de sustituir una religiosidad social por una religiosidad controlada por los obispos y el rey.
El primer Superintendente de las Nuevas Poblaciones, Don Pablo de Olavide, pensaba que el sentimiento de hermandad, fundamento de las cofradías, ya estaba suficientemente expresado en el espíritu del Fuero de las Nuevas Poblaciones y que algunas prácticas religiosas alejaban a los colonos de sus metas de progreso. Por eso una única parroquia, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, fue el centro espiritual del cristianismo profundo que Olavide quiso traer a estos pueblos de Sierra Morena, sujetos al obispado de Jaén. Él era cristiano pero contrario a las cofradías y sus rituales externos, por eso ya en sus primeras etapas de responsabilidades políticas en Sevilla suprimió infinidad de cofradías. Seguramente se equivocó y lo comprendió años más tarde, en su destierro en Baeza. Acaso entonces tuvo tiempo para meditar y se dio cuenta de que además de razón los seres humanos estamos hechos sobre todo de corazón y de sentimientos profundos. Por eso no es sencillo entender el comportamiento de los hombres, lo que hoy se llama mentalidad colectiva del pueblo, sin tener en cuenta sus pensamientos religiosos.Así se ha visto en Guarromán y en las demás reales poblaciones, donde han nacido los ritos de la Semana Santa, incluidas las procesiones, que Olavide pensaba no eran relevantes ni beneficiaban a la fe cristiana del pueblo. En este punto Olavide se equivocó, caso porque no observó las reacciones humanas o porque tenía miedo a la fuerza social que alcanzarían las hermandades de Semana Santa. Y es que nada hay más socializador que un desfile pasional, o que una cofradía de Semana Santa, regida por estatutos que hermanan a todos los cofrades e inspirada en ideales de justicia social.
La procesión de Semana Santa es el último acto, no es el único desde luego. En las procesiones se escenifica su mensaje y así llega mejor al pueblo. El impacto de estos mensajes visuales es algo que los sabios antiguos ya sabían, pues Horacio escribió en su Arte Poética que todas las cosas que se captan por la vista nos afectan muy profundamente, porque lo expuesto a los sentidos es lo que llega antes al corazón. Además la Semana Santa no es una celebración de elite, porque toca más al sentimiento que a la razón, y en ello los hombres somos muy parecidos: desde la noche de los tiempos hasta hoy mismo nos movemos por impulsos de amor y odio, de ternura y de crueldad. Y de todo ello hay el la pasión y muerte de Cristo. Además los hombres seguimos hoy, en el siglo XXI, sujetos a infinitos miedos: miedo al dolor, a la muerte, y a la soledad. Miedo a lo desconocido. En la Semana Santa se busca respuesta, o al menos consuelo, a la infinita y eterna fragilidad del ser humano. Sus hermandades son un apoyo en los momentos de soledad y dolor, que encuentran pleno sentido cuando acuden en el trance supremo de la muerte a acompañar al hermano que se va. Por eso esta festividad religiosa no es más que religión adaptada al pueblo, a sus sentimientos espirituales más profundos, expresados de forma libre y espontánea y las hermandades pasionales expresan sentimientos de solidaridad cristiana. Pues hermandad significa compartir generosamente lo que se tiene: “ converger”, en su etimología, que no es otra cosa que volver la mirada hacia el hermano que te necesita. Algo válido de ayer a hoy. Y en esa convergencia, en el centro de ella, se coloca a Dios.
Voy a finalizar mi pregón con unos breves apuntes sobre la historia de la Semana Santa de Guarromán, datos que agradezco una vez más a la ejemplar dedicación que realiza su cronista Oficial, D. José María Suárez Gallego a todas las facetas de la cultura de su pueblo.
Aunque soy conciente de que sobre este tema ustedes saben mucho más que la pregonera, veo obligado aludir a ello en una ocasión tan especial. No sabemos la fecha exacta en la que se organizó la primera cofradía de Pasión es esta Real Población, aunque imaginamos que su historia es remota, como sucedió en La Carolina y otras ciudades de Sierra Morena. La referencia más antigua se conoce por la tradición oral y nos cuenta que antaño, antes de la Guerra Civil, en Guarromán existían, los llamados "moraos", los "blancos" y los "negros". Estos colores aluden a las cofradías del Nazareno, la del "Amarrao a la columna" y la del Santo Entierro; entre sus funciones sociales, inspiradas en la caridad cristiana, estaba el acompañamiento de los hermanos en el trance de la muerte. Estas tres cofradías se refundaron en la posguerra. Noticias exactas sobre la primera cofradía que se organizó se encuentran en el acta capitular del día 15 de diciembre de 1947 en la que se alude a la reunión celebrada por las componentes de la “de la Directiva de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, al objeto de rendir cuentas del dinero cobrado y del invertido para dicha Hermandad durante el presente año de mil novecientos cuarenta y siete, a la Junta General”. Conocemos así, con nombres y apellidos a los promotores de la iniciativa y a los asistentes a tan histórica reunión, en la que se establecen las ordenanzas, que “totalidad y se comprometieron a cumplirla fielmente. Acto seguido se acordó dirigirse al Sr. Cura Párroco para que acepte el cargo de asesor religioso de la misma”.Disponía la cofradía de 1.110 pesetas. Caudal escaso para sus ambiciosos fines: “la compra de la Imagen y utensilios precisos para el buen desenvolvimiento de la Hermandad”.Pero a falta de fondos estos cofrades estaban sobrados de iniciativas: acordaron “ por unanimidad que se invierta el dinero en caja y solicitar un préstamo a los Hermanos para también invertirlos hasta un total de dos mil pesetas en Lotería Nacional para la jugada de "El Niño" que se venderá en participaciones de una peseta y con donativo para dicha Hermandad de veinticinco céntimos por peseta”. Sin duda tuvieron éxito con tal iniciativa. No podía ser menos pues el primer juego de lotería nacional también la inventaron los ilustrados en el reinado de Carlos III. La mejor prueba de que los vecinos de Guarromán deseaban que renacieran las hermandades de semana Santa, destruidas todas las antiguas imágenes en el dramático expolio de la guerra civil, es que en 1954 se acuerda la creación de las Hermandades del Santo Entierro y del Señor Amarrado a la Columna, dato recogido en el acta capitular del día 26 de abril de 1954, reunidos : en el Salón de Actos del Ayuntamiento, los hermanos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno bajo la Presidencia del Hermano Mayor D. Ramón Álvarez Gómez... al objeto de celebrar junta general para la que habían sido previamente citados”.En esta reunión acordaron constituir las “ dos Hermandades del Santo Entierro y del Sr. Amarrado a la Columna”, con la flexibilidad suficiente para que los hermanos puedan pertenecer a dos o a las tres cofradía si cumplen sus estatutos. Se desprende de esta junta la generosa actitud de la hermandad del Nazareno, que se presta a dar ayuda a la hermandad del Santo Entierro “ cuando disponga de fondos después de pagar las 1.224'05 ptas. que en el día de hoy adeuda”. Eran años duros para España y los españoles y las cofradías no eran ajenas a estas penurias, pero se imponía el sentimiento de hermandad una vez más. Hoy la Semana Santa de la Villa de Guarromán vive un momento de auge: cinco cofradías tienen su Semana Santa: la “Hermandad del Señor amarrado a la columna”, que procesiona acompañado por la imagen de la Virgen de la Esperanza; conocida popularmente como “el amarrao”. La hermandad de nuestro Padre Jesús Nazareno, la más cuantiosa en número de hermanos, que procesionan con túnicas moradas y el paso se suele llevar a hombros de costaleros. La Hermandad del Santo Entierro, en cuya procesión tradicionalmente asisten las autoridades municipales. La Hermandad de la Virgen de los Dolores, formada por mujeres casadas, pues las solteras pertenecen tradicionalmente a la Hermandad de la Inmaculada, no pasional, que procesiona en diciembre.. Y la Hermandad de la Entrada en Jerusalén, “la borriquilla”, que es la más moderna, procesionando desde 1995, el Domingo de Ramos, acompañada de niños vestidos de hebreos con palmas y ramos de olivos. Los cultos y procesiones llenan toda la Semana Santa y tienen un momento muy emotivo cuando el viernes santo, antes de amanecer, sale “el Nazareno”, acompañado de la Virgen de los Dolores (manto negro). En la mitad del recorrido se separan para que se lleve a cabo, a media mañana, un emotivo encuentro en el llamado “paseo del santo”, siguiendo juntas de nuevo ambas cofradías en el desfile procesional.. Ese mismo día, a la caída de la tarde, salen todas las cofradías con sus pasos en la llamada “procesión general”. A las 12 de la noche sale “ La Soledad”, esa virgen que expresa mejor que ninguna unos de los miedos más ancestrales de la humanidad y que justifica en parte la necesaria hermandad que representan las cofradías pasionales. Una soledad rota en la semana Santa de Guarromán por los cantos de saetas que interpreta la peña flamenca “Fuentecilla”, y los toques de la banda municipal de música y otra banda de tambores y trompetas. Luego llega el día alegre de la de la Resurrección. Entonces los vecinos de esta real población celebran el milagro del triunfo de la fe cristiana y recuerdan a sus antepasados, pero sin procesiones pues entonces se celebra el llamado “domingo de pintahuevos”, siguiendo la tradición que trajeron los colonos alemanes. Juntos comparten alegría y viandas en el campo y preparan con los huevos duros pintados de colores la tradicional “pipirrana de pintahuevos”.Y acaso recuerden a Olavide. Nosotros también recordamos al artífice de esta Real Población, que acabó siendo fiel devoto de Jesús Nazareno. Con su recuerdo terminamos este pregón.Pablo de Olavide, un devoto de Jesús Nazareno.
A finales del siglo XVIII en las nuevas poblaciones de sierra morena había nacido ya un mundo nuevo, poblado por hombres y mujeres de diversas etnias y culturas. Para entonces sus campos, antes estériles y montuosos, empezaban a cumplir el sueño ilustrado de fisiócratas. Pero todavía no había cofradías de pasión.
Por entonces el superintendente D. Pablo de Olavide, incomprendido y envidiado, como la mayoría de los que se adelantan a su tiempo, había sido procesado por la inquisición, se había refugiado en las tierras de la Francia revolucionaria pero soñaba con volver a Sierra Morena. No lo consiguió pero al menos pudo instalarse en Andalucía para morir. Olavide, aquel “afrancesado” al que la inquisición condenó una vez por “convicto hereje, infame y miembro podrido de la religión”, acabó sus días en Baeza escribiendo poesías dedicadas a la imagen del Cristo Nazareno de Linares, Coplas de la Pasión como ésta:
“al fin Jesús muere, y porque se vea que su muerte es libre dice con voz recia: -”consumose todo”- palabra postrera, y su alma divinaexhala con ella.....”
Sí, D. Pablo de Olavide, autor del libro Evangelio en triunfo, murió con 78 años en Baeza, en las primeras horas de la tarde del 25 de febrero de 1803. Le dio la extremaunción el obispo de Jaén. fue enterrado el día siguiente, amortajado con el manto de la Orden de Santiago, en la iglesia de san Pablo. Testó siguiendo los rituales que se esperaban de un hombre como él: cierto es que pidió que su entierro se hiciera en lugar sagrado pero “mui simplemente sin ninguna distinción ni pompa”, como un ciudadano pobre, sin músicas ni artificios. En su testamento, coherente, solicitaba para él lo que quiso para los colonos de Sierra Morena; algo que no podía ser, porque los rituales de la muerte de antaño siempre pesaron mucho los condicionantes sociales. Por ello hubo pompa y boato en aquel entierro organizado por su sobrina, que lo quiso sinceramente, quien no entendía este mensaje de austeridad referido a un noble a la hora del entierro. Pero acaso Olavide no lamentó que se incumpliera estos detalles del testamento, pues él en sus postreros años baezanos había asistido a muchos entierros, acompañado a los devotos del Nazareno del convento de los carmelitas descalzos de esta ciudad, que querían ser sepultados con el tradicional ritual de los cuatro hermanos que acompañan al cadáver.
Hoy, en esta hermosa villa de Guarroman, al pregonar su Semana Santa, recordamos a Olavide y acabamos con unas poesías de pasión que él dedicó al Nazareno y a la Virgen, una obra recopilada por don Federico Ramírez y recogida en una interesante publicación por el Cronista Oficial, don José María Suarez Gallego, a quien tanto agradezco todos los datos históricos que me ha facilitado para dar este pregón:
“ved como Jesús
a su madre encuentra
y cuándo está vista
redobla sus piernas
¡qué encuentro tan triste
para almas tan tiernas!
el hijo y la madre
se turban y aterran
----------------------
ved que una piadosa
mujer se le acerca
y con sus tocados
el rostro le asea
y el manso cordero
como recompensa
en el blanco lienzo
su esfinge le deja
--------------------
ved esas mujeres
que piadosas llegan
y viendo a jesús
en tan duras penas
se compadecían:
oid su respuesta
-no lloréis mis males
sí las culpas vuestras”
-------------------------
Aunque acaso estas coplas no pasen a la historia de la poesía mística, pues de ellas dijo Menéndez Pelayo que Olavide siempre fue mejor cristiano que poeta, resulta de gran interés histórico para entender la evolución de su espiritualidad y podemos imaginar que en su vejez supo que se había equivocado prohibiendo las cofradías de Pasión en las Nuevas Poblaciones, porque los primeros colonos necesitaban más que nadie celebrar juntos, hermanados, en las calles y en las iglesias, la pasión de Cristo. Seguramente aprendió, aunque tarde, que no es lo mismo gobernar el cuerpo que regir el alma porque la fragilidad humana necesita consuelos espirituales a sus infinitos miedos por encima del tiempo y el espacio.
Por eso, pasados los años, pese a los avatares de la historia, renacen con fuerza las cofradías y el esplendor de la Semana Santa de Andalucía, que tiene su propia Mística. Una mística que es la del pueblo, en cuyo centro está el fervor a Cristo y a María. Y de ella forman parte los actos religiosos que cada año se celebran en Guarromán, esta hermosa Real Población de Sierra Morena que un año más se prepara para celebrar su Semana Santa.
Muchas Gracias.
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[1] R. Ortega Sagrista, “Boceto histórico de la antigua y primitiva cofradía de las Angustias y Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, fundada en el año de 1551 en la ciudad de Jaén”, Boletín del IEG, nº 118, Jaén, 1984, pp. 59-80.
[2] Su primitiva advocación fue “De Santa Elena, de las Cruces o Nazarenos”.
Por: ©José María Suárez Gallego | General | Comentarios (1) | Referencias (0)
Estimado colega y amigo Cronista. Desde TEPEACA, PUEBLA, MEXICO. Te saludo y felicito por tu trabajo. Bien podriamos mantener comunicaciòn. Ya veras cùanta historia colonial tiene mi lugar de origen. Que desde luego, deseo puedan conocer en tu tierra.
Cordialmente
Josè Francisco Jimènez Villa
Cronista de Tepeaca, Puebla, Mèxico.
Josè Francisco Jimènez Villa. | 20-10-2008 19:51:11