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Domingo, 23 de diciembre de 2007

Luna de Navidad

José María Suárez Gallego
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(Publicado en diario ; el domingo 23 de diciembre de 2007)

Ahora resulta que está en tela de juicio la veracidad de la llegada del hombre a la Luna hace ya casi cuatro décadas. Por aquellos entonces de televisión en blanco y negro, suecas en biquini y burro-taxis turísticos, recuerdo que no fueron pocos los venerables abuelos y abuelas del medio rural, sobre todo, que no creyeron –y algunos murieron sin creerlo-- que el ser humano, por muy norteamericano que fuera, podía ir y volver al disco de plata que, a modo de queso manchego colgado en las estrellas, les iluminaba el relente de sus noches y les despertaba la escarcha de las frías mañanas de invierno.

Y no sólo fueron ellos, a quienes la pedantería academicista siempre les ha negado la validez científica de su cultura tradicional de cabañuelas y sortilegios, sino que hasta el mismísimo premio Nóbel de Literatura, el también filósofo Bertrand Russell, uno de los padres de la lógica matemática y del pensamiento racionalista moderno, ya había dicho en la década de los cincuenta del extinto siglo XX, que “ya quisiera el hombre haber puesto una bala de cañón en la Luna para el año 2000”.

Nos lo advirtió Calderón de la Barca, forjador de sueños escénicos, en una de sus más señeras obras, que “no hay que creer ni en la verdad”, pues en el fondo de la cuestión, como también dijeron algunos de aquellos venerables abuelos rurales, “todo es mentira como en el cine”; ficción disfrazada de realidad que casi siempre nos adormece.

Anoche, asomado a las noches de diciembre, sin gentes en las calles, vi un trozo de luna, casi completo, corriendo entre las nubes primeras del invierno. Luna cristiana entre luces de colores que nos anuncian la fiesta consumista de la Navidad. Luna musulmana de los que esperan al relente el retorno a los tajos aceituneros o el viaje a la Meca. Recordé entonces las palabras de Neil Armstrong al bajarse del módulo lunar: “Un pequeño paso para un hombre, y un gran paso para la Humanidad”. Inevitablemente, también me vinieron a la memoria las palabras de unos ya veteranos caricatos de la televisión: “Si hay que ir se va, pero ir para nada...”. Y sinceramente, a la vista de lo que tenemos, me encomendiendo a San Groucho Marx: “Nunca partiendo de tan elevados ideales, podíamos haber llegado tan bajo”.

Mañana es Nochebuena, y al menos por un día dejaremos de mirarnos en esa otra luna, la del ropero, donde cada día, al despertar, alunizan nuestros desencantos.

También mañana hay luna llena, y no podremos olvidar que el hombre sigue siendo un lobo para el hombre. De todos modos, feliz alunizaje en la Navidad.


Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)

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