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Domingo, 10 de junio de 2007
José María Suárez Gallego
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(Publicado en
; el domingo 10 de junio de 2007)
La “teología de la nutrición”, amparada en los principios del racismo estético, que nos vende la postmodernidad en unos cuerpos danone que apestan descaradamente a hipocresía higienista, nos ha declarado herejes a todos cuantos chorreamos michelines en el verano. Estar pasadito de kilos es hoy mas grave que, en otros oscuros tiempos, ser convicto y confeso de volar sobre las escobas en las noches de aquelarre, o decir que la Tierra es redonda y se mueve.
La sociedad salvajemente neoliberal que alienta macroempresas que triplican sus beneficios a costa de universitarios “seiscientoseuristas” que cobran la mitad y trabajan el doble, ha encontrado en las dietas de adelgazamiento y en la presión fiscal los mejores instrumentos para ponerle la brida al ciudadano estadísticamente medio, pero sin reparar en cuan difícil es para la Agencia Tributaria dilucidar y cuantificar si un sobrepeso de abominables michelines se debe a un atiborramiento de proletarias “papas a lo pobre”, exentas de tributación, o a una adicción mórbida al jamón pata negra y al Champagne Don Perignon de Moët & Chandon, adquiridos con los frutos de la corrupción malaya y la especulación pirata.
Mientras escribo, me entero que los cabrones de ETA han puesto fin “oficialmente” a la tregua. No se si para el domingo, cuando se publique este artículo, habrán consumado sus desamores de muerte, a falta de buenas razones. No menos cabrones son los que han sentido el alivio de saber que ETA vuelve “formalmente” a las andadas, porque así justificarán sus “yatelodeciayo” y sus “seveiavenir” con los que han construido los intereses de su juego político y las sinrazones de sus fracasos personales. No sería extraño que algunos de ellos hayan encendido velas rogativas para que los criminales de toda la vida no dejen de serlo y así queden justificadas sus insidias. De todos modos me quedo con el Mahatma Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.
Habré de huir estos días del tedio de la holganza que dan las convalecencias, y estoy dispuesto a naufragar deliberadamente al sur de las burbujas del tinto de verano, dejado llevar por el instinto innato de felicidad. Espero que nadie me pida que exhiba el carné oficial de turista “diésel”, ese que anda mucho para quemar colesterol y gasta poco para poder pagarle a Hacienda.
No hace tanto tiempo, yo, de mayor, quería ser niño. Y aún ando buscando dónde venden las gominolas de malaleche, tratando de ocultar mis michelines de hereje postmoderno con el borrador de la declaración de la renta.

Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)