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Viernes, 23 de febrero de 2007

Campanas y cohetes

José María Suárez Gallego
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(Publicado en , sección "Pimienta molida", el viernes 23 febrero de 2007.)

Tomo prestado el título del excelente libro de mi buen amigo Manolo Urbano (Campanas y cohetes. IEG, 1996), dedicado a la cultura tradicional de los pueblos de Jaén, para reflexionar sobre el suceso en el que dos niños, días pasados, han perdido una mano y un ojo, respectivamente, por la acción de un petardo en las fiestas de su pueblo; o que Cazalilla esté bajo “sospecha de barbarie” por lanzar una pava volando desde el campanario de su iglesia.

La cultura popular es una manifestación del saber colectivo que casi siempre se ha relegado a ser escrita con letras minúsculas. Oponer lo popular a lo culto ha sido un recurso al que no ha renunciado nunca el servilismo de los pseudos intelectuales conversos que, ya sea por aparentar los modos de una intelectualidad hilvanada con los alfileres de la mentecatez, ya sea por facilitarle a los nuevos ricos que alardeen en plan “cultureta”, o, en el peor de los casos, por el solo hecho de darle oportunidad a los mandamases de turno para que exhiban sus dotes de mecenas –con el dinero público--, no han hecho otra cosa que ocultar el pelo de la dehesa de su procedencia a la sombra del ringorrango de la cultura oficial puesta de tiros largos y ubicada en típicos tópicos.

El tema de la conservación de la cultura tradicional como patrimonio y referente de la identidad de un pueblo es algo que la Unesco dejó claro en su XXV Conferencia General (noviembre de 1989): “[…] es necesario tomar medidas para garantizar el estado y el apoyo económico de las tradiciones vinculadas a la cultura tradicional y popular tanto dentro de las colectividades de las que proceden como fuera de ellas”. Harina de otro costal es cuando esta salvaguarda conlleva un choque cultural, ideológico, de integridad física, o de intereses con otras sensibilidades más actuales o más en boga. Todo lo que hoy es tradicional, algún día fue nuevo. Todo lo que no evoluciona acaba estancándose y pudriéndose. Por eso, la tradición sólo se mantiene vigente cuando es consecuencia directa de las gentes que la viven, y del “hoy” en el que la viven.

Fue Konrad Adenauer, el canciller alemán que le tocó reconstruir Alemania después del nazismo, quien dijo: “No es malo ir cambiando de forma de pensar durante la vida, porque no podemos negarnos a ser más sabios cada día”.

Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)

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