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Domingo, 26 de noviembre de 2006

Pelagatos, mindundis y pillabichos.

José María Suárez Gallego
_____________________________


(Publicado en ; el domingo 26 de noviembre de 2006)


Algo debe estar haciendo aguas en nuestra sociedad cuando, cada vez, es más frecuente la vejación de los que enseñan, la agresión a los que sanan, y la difamación contra los que administran justicia. Persistentemente, a la vista queda, se maltrata, atropella y revuelca a los tres asideros de urgencia que toda sociedad tiene para promover, en última instancia, su regeneración desde la dignidad: La enseñanza, la sanidad y la justicia.

Es como si el “contubernio judeo masónico”, al que tanto aludía el dictador, se hubiera convertido, pasada ya una generación sociológica, en la “confabulación del repelús”, de tal modo que conceptos como disciplina, autoridad y respeto, hayan dejado de ejercerse por miedo a que se nos ubique en el bando ideológico contrario.

En el manual del buen demócrata nunca han dejado de estar vigentes palabras como educación, disciplina, autoridad, respeto, esfuerzo, consideración y mesura. Identificar algunas de ellas con métodos y talantes dictatoriales, totalitarios y represivos, es un error de bulto cometido por quienes en el intento de no parecer lo que no son, consienten por omisión y dejación la represión dictatorial y totalitaria contra profesores, médicos y administradores de justicia, precisamente a manos de los mismos ciudadanos que son objeto de los servicios que el propio estado democrático les encomienda.

Paradójicamente, hacer la vista gorda y permisiva con quienes, campando por sus respetos, confunden la democracia con poder hacer “lo que a uno le salga de los cojones en todo momento” (vox populi dixit), a la larga no engorda el semillero electoral, y diluye la autoridad del sistema democrático, descafeinando el cumplimiento de las leyes que promulga y las normas que lo sustentan. Esta es, sin duda, la mejor forma de allanarle el camino a los que piensan que la vieja y nefasta receta del garrotazo y tentetieso es el único y mejor jarabe para curar las calenturas que, según ellos, producen los “delirios democráticos”, responsabilizando a la propia democracia de todos los males que unos “demócratas”, poco escrupulosos, ocasionan desde la demagogia, más que desde una gestión responsable y sin complejos frente al pasado.

La democracia implica una sociedad de valores, en la que no caben los remilgos semánticos que las dictaduras dejan marcados en el subconsciente colectivo de una sociedad, cada vez, más propensa a que le afloren progres de derechas, pijos de izquierdas, pelagatos laborales, mindundis culturales, y pillabichos empresariales.


Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)

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