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Domingo, 14 de mayo de 2006
José María Suárez Gallego
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(Publicado en
; el domingo 14 de mayo de 2006)
Decía Mort Rosemblum en su interesante libro "La aceituna. Vida y tradiciones de un noble fruto" (Tusquets, 1997) que, para mucha gente de este mundo, una aceituna no es más que un humilde bulto en el fondo de un martini. Se refería, sin lugar a dudas, a gente alejada de la llamada Cultura del Mediterráneo, y con un mayor apego al mundo de Wall Street y del Knicherbocker Hotel, en cuyo bar, allá por el año 1910, un camarero de origen italiano llamado Martini di Arona di Taggia, le preparó al millonario neoyorquino John D. Rockefeller un combinado que no contenía más ingredientes que un poco de vermut blanco, un chorreón de ginebra y una modesta aceituna sumergida en el fondo de la copa, que, dicho sea de paso, nadie se suele comer.
Es curioso que los americanos del norte, que nos alumbraron el concepto de “dieta mediterránea”, no hayan llegado en este asunto más allá de la identificación de la aceituna como un submarino gastronómico sumergido en un combinado para “snobs”, o con el nombre de la sempiterna novia de Popeye. Pese a todo, los pobres olivareros tunecinos almacenan su aceite en botellas de Pepsi-Cola con el deseo íntimo de tocarle la planta de los pies al progreso que les promete el occidente.
Pero el hecho es que los hijos del Mediterráneo --y su cultura milenaria-- en esto del condumio y del bebercio más que hijos somos hijastros del pan, del vino y del aceite de oliva, debido sobre todo a que el pan mojado en las salsas nos rapta la línea y el tipo a los que somos propensos a coleccionar arrobas; el vino nos secuestra la dignidad a la primera de cambio si nos pasamos con él, y el aceite de oliva nos sigue quitando el sueño con sus historias de robos nocturnos, estafas diurnas, comercialización leonina, y gatos refinados donde debía de haber liebres vírgenes y extras.
Una nueva y amplia denominación de origen para nuestros aceites provinciales ha sido presentada: “Campiñas de Jaén”. Ello es motivo de gozo a la hora de garantizar la calidad del aceite que se vende junto al nombre de Jaén. Pero se debe tender hacia el objetivo de que a los consumidores les llegue el mensaje claro y preciso de que “Jaén” en su conjunto es sinónimo de garantía y buen aceite.
Que cada denominación de origen conserve su marchamo local es legitimo, pero que todas las botellas del aceite producido en esta provincia lleve en su cuello una vitola con la marca común de garantía “Jaén”, puede llegar a ser más práctico y comercial. A la hora de hacer las compras nadie suele llevar un atlas de geografía.

Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)