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Viernes, 03 de marzo de 2006

Virus con michelines

José María Suárez Gallego
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(Publicado en La Voz de Linares, sección “Pimienta molida”,el 3 de marzo de 2006)


Ahora resulta que los americanos, que fueron los que pusieron de manifiesto las bondades de la “dieta mediterránea”, han descubierto que eso de estar gordos tiene que ver más con un virus que con la comida que ingerimos. Vamos, que va resultar que los michelines se contagian como si fueran un vulgar catarro o un sarampión de parvulario. Y algo de cierto tiene que haber en esta supuesta infección vírica de carnes sobrantes cuando los chiringuitos de comida rápida –sean una franquicia americana o tengan marchamo celtibérico--, expendedores de eso que algunos denominan sin piedad la “comida basura” por no llamarle otra cosa más precisa pero menos decorosa, se han implantado en nuestro “modus vivendi” como una verdadera epidemia.

Hay quien ha dicho que “somos lo que comemos”, del mismo modo que el sabio Hipócrates, que está considerado como el padre de la Medicina, ya nos recomendaba aquello de: “Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina”.
A la vista queda que todo lo que nos gusta es ilegal, es pecado o engorda –que decía la canción--, y por mucho que disimulemos nuestras apetencias gastronómicas no nos libramos de estar inmersos en eso que se ha dado en llamar la “Teología de la Nutrición”, donde se nos considera herejes a todos los entrados en carnes, ensalzando hasta los altares del “famoseo del todo a cien” actual a quienes “lucen tipo”, en algunas ocasiones con tal descaro que uno llega a sentirse cómplice con su silencio de la apología de la anorexia que deliberadamente consentida se hace en el mundo de las pasarelas que cruzan el negocio de la moda.
La extremada delgadez como modelo de perfección estética que hoy se propugna enfundada en tallas por debajo de la treinta y ocho, es tan irracional como la moda alimenticia imperante en nuestros jóvenes de la comida rápida lista para llevar, más apta para llenar la andorga –que diría el bueno de Sancho— que para alimentarse adecuadamente.
Preocupante es que cada vez estemos abandonando más los hábitos saludables de la “dieta mediterránea” porque comer como Dios manda se haya puesto por las nubes, y no tengamos más remedio que autosecuestrarnos en la porquería dietética que a veces se nos oferta como comida.

Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)

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