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Domingo, 19 de febrero de 2006
José María Suárez Gallego
(Publicado el domingo 19/02/2006 en Diario Jaén)

La Humanidad, ese redil al que todos pertenecemos con mayor o menor entusiasmo, que tantas veces nos ha sonrojado dándonos sobradas muestras de lo irracionales que podemos llegar a ser los seres humanos, una vez más ha dejado patente las carencias imaginativas que tiene para resolver sus contenciosos históricos. Agotado el esquema de confrontación entre el Este y el Oeste --sistema comunista versus modelo capitalista--, se ha vuelto a la situación de hace mil años cuando se enarbolaban apasionadamente las banderas de Dios para enfrentar a moros contra cristianos.
Ciertamente la cosa no debe ser tan simple, pero quienes desde la tramoya del poder mundial mueven los hilos de este gran teatro, saben muy bien el juego que siempre ha dado el concepto de Dios, no sólo a la hora de mover conciencias, sino de agitar gentes, ya sea en hordas, catervas, multitudes, gentíos, legiones, o muchedumbres dispuestas a dejarse el pellejo y lo que haga falta por una causa fruto más de la fe (aquello que permite creer en lo que no se ve, ni se oye) que de una verdad evidente y palpable, como puede ser el hambre y la injusticia.
A la historia de la Humanidad se le ponen los pelos como escarpias cada vez que por sus páginas aparecen los que dicen hablar en nombre de Dios, porque casi siempre ha terminado siendo la coartada y el pretexto perfecto para amparar los intereses inconfesables de los que precisamente dicen expresar sus divinos deseos e interpretar sus celestiales leyes.
Una visión romántica de nuestra Historia nos ha hecho creer que las llamadas tres culturas –cristianos, judíos y musulmanes-- convivieron en nuestro suelo patrio de una forma pacifica e idílica, cuando la realidad fue que tras el dios de cada una de ellas se amparaban más ambiciones de poder que realidades de transcendencia religiosa, con las consiguientes luchas, navajeos y patadas en las espinillas por debajo de la mesa.
En la actualidad los esquemas no son muy diferentes a los de entonces. Las tres culturas siguen teniendo sus selectos y minoritarios grupos diseñando estrategias para defender y acrecentar sus intereses económicos, y siguen contando con legiones de fieles devotos con el acelerador del fanatismo dispuesto para tenerlo a ralentí, o pisado a fondo, según les convenga.
En el nombre de Dios, paz, y sobre todo sensatez, si es que Dios a estas alturas de la película no se ha vuelto loco ya y anda diciéndose para sus adentros eso tan socorrido de “anda y que os zurzan a todos”. Y así nos va.
Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)