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Viernes, 06 de enero de 2006
José María Suárez Gallego
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(Publicado en La Voz de Linares, el 6 de enero de 2006)
Mi contertulio el Caliche está que “echa humo” por no poder echarlo. Y es algo lógico, porque él ha sido un hombre de sierra que ha bregado con raleas de perros en las monterías, y no se ha quitado el cigarro de la boca ni para beber vino de la bota, que ya hay que tener arte para hacer esos malabarismos con los labios.
Mi buen amigo en su cabreo cósmico ante lo que él entiende que es un saqueo “por la cara” de un derecho de los fumadores, no hace mas que buscarse argumentos, a modo de rabieta, a cual más curioso.
Decía un estudio de prospectiva sociológica –ciencia que trata de predecir el futuro sin las parafernalias a las que nos tienen acostumbrados Rappel y la Bruja Lola-- realizado hace cinco años cuando estrenábamos el nuevo siglo, que a quienes les toque vivir el comienzo de siglo XXII se llevarán las manos a la cabeza sorprendidos al enterarse que quienes vivimos en estos tiempos solemos hacer dos “barbaridades” impensables entonces: Una, que conducimos en ambos sentidos por una misma carretera. La otra, que voluntariamente nos metemos humo en los pulmones, y que encima decimos que encontramos placer en ello.
La verdad es que esta prospectiva sociológica se deja en el tintero otras muchas “barbaridades” de hoy en día que no lo serán dentro de un siglo. Pero por algún sitio hay que empezar y cada vez se hacen más autovías y se fuma en menos lugares.
También nosotros, si miramos atrás, podemos comprobar como no hace tanto tiempo se exhibían en muchos lugares públicos aquellos vergonzantes carteles de “prohibido escupir en el suelo”, y en un water público en vez de papel higiénico había papel de periódico primorosamente cortado en cuadrados de un uso y enganchados en una alcayata.
A los fumadores no hay que vencerlos, hay que convencerlos de que el placer de no fumar supera con creces al de hacerlo. Quitarse del tabaco no es fácil, pero una vez que se consigue merece la pena, sobre todo porque se recuperan otros placeres, como el de los sabores perdidos y el derecho a gozar de ellos, por ejemplo.
Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)